Archive for Febrero, 2008

¿Qué nos falta para dejar de ser dependientes?

Domingo, Febrero 17th, 2008

Blog del Dr. Carlos Maggi en EL PAIS 13 de febrero de 2008

Nos falta la raíz que hace audaces y sacrificados a los emprendedores, a los que quieren triunfar “haciendo” lo que nadie hizo.A todos los países de América Latina les va mal, parejamente. ¿Qué tienen de común? Solo una cosa: el desastre moral de no amar el trabajo; y el baldón de esa flojera: el desprecio por quienes son capaces de inventar y engendrar. Hay mucha mezquindad frente a los que construyen algo que se impone. Entre nosotros, las empresas que triunfan provocan sospecha.Nada de eso sucede cuando se trata del cuadro del cual se es partidario. El sentimiento por “el cuadro de sus amores” supera el abismo que separa sentirse dominadores o sentirse derrotados.Se alcanza una victoria grande y la gente sale a la calle para encontrar a la gente. Nadie odia, nadie envidia al que metió el gol, por ser el mejor. Al revés todos lo exaltan y conjugan de un modo único: “metimos” el segundo gol, “ganamos” sobre la hora; “somos” campeones. La hazaña celeste pasa a ser historia de todos.En el fútbol hay moral y hay solidaridad ajenas a toda cursilería. Se ama y se admira de verdad a quienes consiguen lo que todos quisimos y nunca logramos: llegar a crack.El habilidoso y el recio y el indomable y el que mantiene la calma en medio del peor momento, son adorados y corre hacia ellos un precioso agradecimiento.
Montar una buena fábrica provoca rencor. Muchos uruguayos ricos se visten mal para que los perdonen; sienten vergüenza de ser ganadores. Los campeones cobran millones y todos los aclaman; también por eso. El Pibe de oro.
La tarde de Maracaná la gente se hablaba en la calle y se tuteaba. Lo vi: se abrazaban sin conocerse.
El árbol se juzga por sus frutos. ¿Qué otra actividad une así a la gente más diversa?
Los intelectuales quieren un país profundo, aborrecen los estadios.

Ser hincha es profundo; aunque responda a un mero juego. Excita reacciones buenas y malas que conmueven más allá de lo racional. lo conveniente, lo consabido. Ser hincha viene de la noche de los tiempos y eso nunca es poca cosa. Cualquiera que haya gritado un gol inolvidable, perdido entre la multitud de las gradas, sabe que eso viene de una esencia misteriosa de lo humano; que es como inhumano.

Cultura y enfermedad mental

Domingo, Febrero 17th, 2008

Tomado del Washington Post

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 Shankar VedantamWashington Post staff writer
Tuesday, June 28, 2005; 12:00 PM
What role does culture play in diagnosing and treating mental illness? In many poorer nations, social networks are a critical part of healing and recovery as patients continue to participate in society rather than becoming isolated, as is often the case in more developed nations. In the United States, some racial groups are more frequently diagnosed with schizophrenia than others, suggesting some sort of bias in the detection of such illnesses. This new information suggests a powerful link between societal factors and the diagnosis, treatment and outcome of mental illness.Washington Post staff writer Shankar Vedantam, who covers health and science, was online Tuesday, June 28 at Noon ET to discuss his three part series on culture and mental illness. Read more: Patients’ Diversity Is Often Discounted.Shankar Vedantam: Welcome to the online chat to discuss my series of articles about how culture influences the diagnosis, treatment and outcome of mental illness. There is a lot of ground to cover, but we’ll try to get to as much of it as possible. In the meantime, keep the questions coming!_______________________Washington, D.C.: That anecdote of the woman hearing voices at Cambridge Hospital is certainly provocative. Help us understand the point a little better. Is it that in Latino communities, there is no such thing as psychosis based on hearing voices, but if the same patient wandered back into mainstream medicine, he/she would in effect become psychotic-meaning there is a hermeneutics of psychosis?Shankar Vedantam: You raise an excellent question. For readers who don’t remember the specific excerpt from Sunday’s story, let me add it here and then address the question.Roberto Lewis-Fernandez was a young doctor in training in Massachusetts when he encountered a patient who was 49 and suicidal at Cambridge Hospital. The Puerto Rican woman begged for help in resolving a conflict with her son, but the Harvard University-affiliated psychiatrists focused on one set of symptoms — she was hearing voices, seeing darting shadows and sensing invisible presences.They diagnosed her as depressed and psychotic, or out of touch with reality, and medicated her. She was discharged. Soon after, the woman had an argument with her son and nearly killed herself by overdosing on the medication.For Lewis-Fernandez, who is Puerto Rican, the suicide attempt confirmed his fears that his superiors had misjudged the situation. For months, as top psychiatrists ordered him to keep increasing the potency of her drugs, he had told himself that hearing voices, seeing shadows and sensing presences is considered normal in some Latino communities. But he dared not challenge the wisdom of the medical model.“I wasn’t sure if she was psychotic, but I treated her as if she was,” he said about the case, which he wrote up in a medical journal. “I gave her the medicines.”When the hospital’s outpatient unit evaluated the woman anew, doctors there came up with a different diagnosis. They concluded that her symptoms were not abnormal in the context of her culture — they were expressions of distress, not illness. Lewis-Fernandez helped her reconcile with her son. She still heard voices and saw shadows, but now, as before, they did not bother her.I think it would be a huge mistake to suggest that there is no such thing as psychosis among Latinos from the Caribbean. Rather, the point of the story is that by focusing only on her symptoms, doctors were misled. The same symptoms, in other words, can mean different things, depending on the context. The goal of people like Dr Lewis-Fernandez is to have doctors focus on the context as well as the symptoms, to ask, for instance, how the patient interprets the symptoms herself, and to ask how the culture from which the patient comes thinks about such symptoms. Many advocates of cultural competence talk about how the culture influences “idioms of distress” — the ways in which patients express symptoms. Arthur Kleinman, the Harvard psychiatrist, told me that during his research in China after the Cultural Revolution, patients with what we would now call depression mainly complained about dizziness, exhaustion and sleeplessness — symptoms associated with what was then known as neuresthenia. “Depression was a highly stigmatized mental illness, neuresthenia was thought of as a physical condition and didn’t have any disgrace or humiliation,” Kleinman told me. But as China has globalized, this has changed. Now depression is a very common diagnosis. 

La verguenza del adulto

Domingo, Febrero 17th, 2008

mario-bros.png  La mayoría espera que sean niños o adolescentes quienes juegan con videojuegos. A los adultos en general les da vergüenza admitir que juegan con un joystick durante horas. Sienten que es una actividad que no les pertenece. La industria del videojuego, una industria que ha sobrepasado a la propia Hollywood en su facturación también cuenta con los adultos como clientes, aunque ellos prefieran en muchos casos mantenerlo en el anonimato. Si bien la industria del ocio y el tiempo libre han crecido exponencialmente a lo largo de las últimas décadas, el juego desde el siglo XX en adelante, ha estado ubicado como propio del  mundo infantil. Jugar no es cosa de adultos, aunque el joystick lo desmienta.

Más sobre el aquí

Domingo, Febrero 17th, 2008

cuerpo-en-la-red.jpg  El contexto del ciberespacio ha demostrado ser un ámbito donde es posible dejar atrás el cuerpo real, material y relacionarse con los otros, no importa las distancias físicas existentes, ni las limitaciones corporales del conectado. La famosa frase “en el ciberespacio, nadie sabe si eres un perro”, ha marcado esa dimensión imaginaria en donde el cuerpo, sus marcas, sus posibles estigmas, dejan de contar en el encuentro, a diferencia de lo que sucede en las interacciones cara a cara. Además de que nadie sabe si eres o no un perro, tampoco nadie sabe a ciencia cierta qué le sucede a ese cuerpo en el AQUÍ. En la Red no hay aquí, ni allá, sino conexión, desmaterialización del cuerpo, fragmentación de la materialidad. El cuerpo disuelto, licuidificado fluye por las redes y se vuelve a reunir al regreso de la desconexión, con esa vivencia limitante de tener un “hipocuerpo”.  Mal momento para el AQUÍ en la Red. La esencia de ella es su desaparición. Mal momento para el YO     en la Red. La esencia de ella es su desaparición. Los límites entre lo externo y lo interno se vuelven cada vez más difusos en un continuo (ni aquí ni allá), lo que ha llevado a Pierre Levy (1995) a plantear la noción de hipercuerpo. “La carne, la sangre, puestas en común, abandonan la intimidad subjetiva y pasan al exterior. Pero esta carne pública regresa al individuo transplantado, al beneficiario de una transfusión, al consumidor de hormonas… Hoy en día nos asociamos virtualmente en un cuerpo articulado con quienes participan en las mismas redes técnicas y médicas. Cada cuerpo individual se convierte en parte receptora de un inmenso hipercuerpo híbrido y mundializado” (Levy, 1995: 30).  Sin aquí, sin allí, ni exterior ni interior, sin YO, algo deberemos pensar para poder seguir andando con los pies descalzos y sentir la tierra. 

¿Dónde estamos cuando estamos aquí?

Domingo, Febrero 17th, 2008

ciberespacio1.JPG  Los conceptos de comunidad virtual y redes sociales ponen en jaque la noción de pertenencia en el plano físico, tal como la entendíamos con anterioridad.  Las comunidades, hasta la era digital,  se definían por la proximidad geográfica, mientras que cada vez más la proximidad pareciera ser más psicológica, biográfica que geográfica.  La comunidad anteriormente era menos una elección que una circunstancia, mientras que en el caso de la virtualidad es sin duda parte de un proceso de elección, que vuelve a poner de manifiesto una sociedad en donde la libertad de opciones prima por sobre muchas otras categorías anteriores. La pertenencia a una comunidad  se ha desligado del territorio y de la tradición, para pasar a ser una opción más a la cual el sujeto está enfrentado. Se hace necesario analizar cómo afecta esta desterritorialización las concepciones de apego y desapego, pertenencia y exclusión. A la  vez resulta imprescindible pensar nuestras respuestas a este nuevo estado de cosas que viene a cuestionar anteriores bases y que generarían esa suerte de esquizofrenización a la que alude Manuel Castells. La convivencia en ambos territorios, superpuestos por momentos, contiguos en ocasiones, generan fuertes ansiedades. Una de ellas, se resume en la pregunta:  ¿Dónde estamos cuando estamos aquí? 

Soledades acompañadas, intimidades cambiantes

Sábado, Febrero 16th, 2008

internet_libro.jpg   “En algún punto del camino hacia el libre comercio global, la función dadora de sentido de la comunidad nacional cayó por la borda, y los individuos han quedado solos, obligados a lamerse sus propias heridas y a exorcizar sus miedos en soledad y aislamiento” Zygmunt Bauman   885-zygmunt-bauman.jpgLa escritura es también una forma de alejar los fantasmas, reencontrarse con uno mismo y esos aspectos olvidados en el día a día. En la soledad acompañada de la Red, las heridas pueden también ser sanadas por otros; cientos de miles de yoes en búsqueda de comunicación y encuentro. “Share experiences”, compartir lo bueno y lo malo, lo agradable y lo difícilmente olvidable. Para todo ello hay lugar en la Red. Para todo ello siempre hay alguien ahí fuera, ni tan cerca ni tan lejos, ni tan aquí ni tan allí. La intimidad se ha desbordado en el diluvio informacional. Ha salido de cauce y se dispone a seguir avanzando hacia lo otrora público, desarticulando las viejas relaciones dentro-fuera. Las fronteras de la intimidad están mutando y con ello, la comunidad nacional y los millones de yoes se ven en apuros cuando dejan de concebirse limitados.